10 / 10 / 2021

La Voz de los No Nacidos

Como cada tanto, en que se discute sobre la conveniencia o no de despenalizar el aborto, son citados a los foros a exponer su posición muchos sectores de nuestra sociedad, las organizaciones feministas, la Iglesia, los médicos, los juristas, etc.

         Sin embargo, el no nacido no tiene ni voz ni voto aunque su vida depende del resultado de tan ácida discusión. Sí, la víctima potencial de las letras de más o de menos que se terminen incluyendo en la ley, no ha sido invitado a este debate.

         Pretendo, cual abogado de oficio, hablar en su nombre. ¿Cuál es la razón por la que algunas personas se sienten con la autoridad para decidir por la continuación o no de la vida de otro ser humano igual de valioso que ellos?

         Nuestra Constitución circunscribe la pena de muerte para casos especialísimos y uno de ellos no es el ser concebido en un momento inconveniente.

         La mujer aduce con razón que es dueña de su cuerpo y que puede hacer lo que quiera con él. Correcto, pero si de un acto libremente realizado yo daño a otro, al igual que cualquier ciudadano, debo hacerme responsable conforme la ley lo disponga.

         Porque así como la mujer podría disponer de su cuerpo y ejerciendo ese derecho, terminar con la vida del ser que ya vive dentro de ella, yo también usando la libertad de movimiento que me es inherente, podría mover mis brazos como me plazca y dar puñetazos a quien pase delante de mí, pretendiendo no hacerme responsable de los daños que cause.

         Es que nuestro derecho termina donde comienza el del otro y si un acto mío causa un daño a otro, debo responder por ello.

         Nuestro ordenamiento protege derechos fundamentales, el de la vida es el más importante, ¿qué justificaría que la vida del no nacido reciba menos protección que la de alguien ya nacido o con más edad, por qué si una madre acaba con la vida de su hijo nacido, puede ser acusada de parricidio y si hace lo mismo con la del no nacido, estar exenta de pena?

         El Estado debe hacer mucho más sencillo el proceso de adopción pues así como esa madre no desea tener al ser que crece en su vientre, hay muchas familias que lo recibirían felices y le darían amor y protección.

         La vida humana no puede quedar relegada al valor que arrojen unas cifras. La vida humana es la que explica nuestra presencia hoy aquí, el insondable misterio de su origen y la perpetuación de la especie son máximas que deberían de guiar todos nuestros actos.

         Reducir al no nacido a la categoría de un deshecho orgánico, de unas partes que pueden ser extraídas como quien se saca una muela nos muestra el nivel de degradación que puede alcanzar el hombre como especie. Ninguna otra planifica la eliminación de su propia prole, es más, las hembras se tornan fieras en su defensa.

         Dicen también que la protección de la vida del no nacido con penalidades para la madre que aborta no las disuadirá de su conducta, que eso sólo las expondrá a peligros por las malas prácticas médicas a las que deberán someterse para conseguir su propósito. Nos hablan de cifras escalofriantes de madres que se someten a prácticas abortivas y sufren daños irreparables o incluso pierden la vida.

Hay muchas conductas penadas por la ley y pese a eso, existen quienes incurren en esa práctica, ese no puede ser motivo para despenalizarlas. El derecho en general y el penal en especial buscan guiar nuestro comportamiento, protegiendo bienes jurídicos que se consideran valiosos. La vida humana se halla en la cúspide.

La ley está obligada a proteger la vida de todo ser humano, sin distinciones ni categorías. Flexibilizar los tipos de aborto no penalizados sería un lamentable retroceso. Hoy quizás valga menos la vida del no nacido, mañana la del anciano ¿cuál sería el final de tan macabro camino?

Es por eso que hoy propongo callar y escuchar al único que tendría algún derecho a hablar sobre si quiere o no seguir viviendo. Creo que el no nacido quiere decirnos algo. Oigámosle, en ese terco afán diario por crecer, por tomar forma, por aparecer ante nosotros con sus manitos incipientes, con sus piernas dando sus primeras patadas, reaccionando a la voz de su madre y a sus estados de ánimo.

Entendamos que nos quiere decir que anhela vivir, que su instinto de conservación guía sus actos. Escuchémosle, está vivo, igual que yo escribiendo aquí y que usted leyendo estas líneas. Dejémosle ser tan dueño de su vida como somos nosotros de la nuestra.

Categoría: Persona Humana

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Ricardo Villanueva Meyer Bocanegra

Trujillano, Magister en Gestión Pública.