Queremos empezar preguntándonos por la importancia de la agricultura urbana y a respecto, queremos destacar que esta se practicó desde siempre y ha vuelto a cobrar valor, por los acontecimientos ocurridos en estas últimas décadas y especialmente ahora en el contexto de pandemia en el que nos encontramos inmersos.
Varios son los factores a considerar como los agronómicos y ecológicos, que tienen que ver con el uso excesivo de los suelos o el empleo indiscriminado de los agroquímicos en la producción agrícola, los que no solo han generado contaminación ambiental sino también han la desertización de los suelos entre por el cambio de su textura y estructura, lo que tiene que íntima relación con el riego y en consecuencia con la producción agrícola.
También hay que tomar en cuenta la notoria reducción de los recursos hídricos existentes en el planeta ya que de toda la masa hídrica existente sobre la superficie terráquea , es decir el 70% de la misma , solo es aprovechable menos del 3 % y de este ínfimo volumen, se estima que el 60 % es empleado en la agricultura ya que cerca del 40% se pierde por escorrentía o percolación.
Otro aspecto a considerar es el cambio climático, fenómeno que ha hecho sentir su efecto directamente en nuestras vidas, siendo un hecho evidente las variaciones de los niveles de precipitación hídrica pues la armoniosa alternancia entre los periodos de lluvias y de estío se ha modificado a extremos, generando los denominados picos de periodos secos y húmedos. Es decir, tenemos agudos periodos de sequias, que luego conllevan un exceso en las precipitaciones pluviales. Ese mismo fenómeno seda con los niveles térmicos en el planeta, siendo que estas alteraciones climáticas comprometen a las propias características estacionales.
Este cambio climático va de la mano con el Calentamiento Global, que ha traído como consecuencia la disminución del tamaño de los cascos polares y la eliminación de los picos nevados en las altas cumbres del planeta.
Todas estos factores antes señalados los podemos considerar de naturaleza física o físicos, a los que tenemos que añadir los que provienen de presencia o huella humana en el planeta.
Lo primero que tenemos que considerar es que la población mundial no solo se ha modificado en cantidad incrementándose significativamente sino que además lo ha hecho en calidad, ya que hasta hace muy pocos años la expectativa de vida solo llegaba a los 40 o 50 años, mientras que ahora supera los 70, por lo que ahora no solo somos más sino que además vivimos más.
Otro factor es la conducta humana, la que ha determinado un fenómeno permanente y ancestral como es la constante migración poblacional a las ciudades, pues desde que el hombre dejo de ser un recolector cazador, para convertirse en un ser sedentario, la acción de agruparse en comunidades no ha cesado de producirse, siendo así que de pequeños centros poblados o villorrios, hemos llegado ahora a las mega metrópolis que actualmente conocemos. Incluso se estima que el 60% de la población mundial vive ahora mismo en ciudades.
Pero este fenómeno conductivo tiene importantes consecuencias, como el hecho de que los grupos humanos productores de alimentos como los agricultores, son cada vez menos mientras que los no productores van en aumento, generándose así, un verdadero desequilibrio productivo.
A título de ejemplo, podemos ver que en los pueblos del interior del país, sobre todo en los de las zonas andinas, encontramos cada vez mayor número de niños y ancianos, conformando dupla familiar de nietos y abuelos, debido a que los padres emigraron a las ciudades para poder encontrar mejores fuentes de ingresos para su sustento y el de sus familias.
Frente a toda esta problemática mundial, las sociedades no se han quedado contemplativas o estáticas, siendo desarrollado diferentes propuestas entre las que se encuentran:
Pero frente a estos nuevos retos que se plantean a la agricultura contemporánea, quizá uno de los más urgentes el de tener que producir más alimentos con menos gente para ello, lo que exige necesariamente para suplir esa mano de obra la intervención de una tecnología que no siempre respeta los fenómenos biológicos fundamentales como por ejemplo, en el caso de los productos o alimentos biológicamente modificados o transgénicos.
Llegados a este punto, es importante destacar que el hombre por lo general siempre se ha manifestado reacio a los cambios e innovaciones tecnológicas o conductuales, siendo que las poblaciones urbanas cada vez más se resisten a consumir alimentos poco naturales en su origen por considerarlos nocivos lo que los lleva a exigir alimentos que sean producidos lo más naturalmente posible, aparecido así los llamados “productos orgánicos”, siendo la situación más grave en el caso de los productos de origen animal más que en los de origen vegetal, por el empleo en los primeros de hormonas o antibióticos por ejemplo.
Así por lo anteriormente indicado, las poblaciones urbanas han optado por producir sus propios alimentos bajo condiciones controladas o por lo menos en conocimiento de lo que producen y es así que la práctica de la agricultura urbana se revaloriza y se difunde nuevamente.
Pero esta no debe verse como una propuesta o alternativa válida de autoconsumo sólo para las clases medias citadinas, sino también para los sectores sociales emergentes o masas poblacionales periurbanas quienes además del autoconsumo lógicamente, pueden beneficiarse también comercializando alimentos producidos con un uso limitado de espacio y con una mínima disposición de recursos hídricos, pero sin por ello dejar de ser sanos, limpios, frescos, es decir de buena calidad, además de económicos. Es más, se puede pensar en la crianza de animales menores mediante la producción de forrajes hidropónicos.
Finalmente y a manera de conclusión, podemos ir vislumbrando que si la agricultura urbana continúa con su actual desarrollo, va exigir cambios sociales, sobre todo a nivel urbanístico. De esta manera, las ciudades y las viviendas tendrán que acomodarse ante esta nueva realidad ya que se exigirán viviendas que permitan la practica de la agricultura urbana, que tengan jardineras y que tengan acceso al medio ambiente natural que nos rodea, constituyéndose en auténticas “ciudades ecológicas”.