11 / 04 / 2021

AD PORTAS DE LAS ELECCIONES: RAZÓN, NO PASIÓN

Hoy 11 de abril, se realizarán las elecciones generales en las que los ciudadanos peruanos elegiremos al Presidente y al Congreso que presidirán la marcha del país en los años de la conmemoración del Bicentenario de nuestra Independencia.

La situación está lejos de ser animada. Estamos lejos del afán de exhibir el progreso nacional que se vio en 1871, cuando el coronel Balta festejó el Cincuentenario. Estamos lejos del ánimo de mostrar la superación de la guerra con Chile, que exhibió el presidente Leguía en el Centenario en 1921. Estamos lejos del ímpetu nacionalista y “revolucionario” que el general Velasco imprimió al Sesquicentenario en 1971. Este 2021, nos encuentra en un panorama ensombrecido por la pandemia, situación que vemos con un pesimismo consciente. Desde el más allá, pareciera que la sombra de González Prada sacude la cabeza viendo que sus críticas no han perdido actualidad.

El ambiente electoral es preocupante, principalmente debido al alto porcentaje de indecisos. Las últimas encuestas (al margen de las polémicas sobre su precisión) arrojan una cifra de indecisos rondando el 30 %. Quizá ello se pueda explicar por el evidente divorcio entre la ciudadanía y la clase política, metiendo en el mismo saco a políticos relativamente decentes y a políticos del tipo de los que alguna vez un satírico decimonónico dijo que tienen el pasado “más negro que manos de carbonero”. El paso del expresidente Vizcarra y la desazón causada por las denuncias en su contra, han agravado la situación.

Otro factor que genera preocupación, es el reducido porcentaje de respaldo de los candidatos que las encuestas colocan en los primeros lugares: apenas rondan el 10% de los votos. Ello terminaría, qué duda cabe, por generar un gobierno aún más débil que el de Pedro Pablo Kuczynski.

Debemos apuntar, además, a la existencia de una creciente polarización entre un fervoroso conservadurismo que llega a sonar reaccionario, un liberalismo incipiente y que aún no encuentra un partido que exprese sus planteamientos, y un “progresismo” impropio del ser peruano que oscila entre el radicalismo y la aparente moderación. Muestra de tal situación es la indignación en unos (entre los que me incluyo), indiferencia en otros, que ha causado el uso de la Virgen María en una caricatura como mofa a las desafortunadas declaraciones de un candidato presidencial. Y ni qué decir del uso de “memes” y actitudes ridículas en las que caen, si no todos, la mayoría de candidatos con el objetivo de llamar la atención del electorado, restando seriedad a una contienda de la mayor importancia para el porvenir del país.

Estoy convencido de que la historia es donde podemos sacar las más útiles lecciones, y si hay una lección que nos ha recalcado el desastroso quinquenio que ha pasado (lección vieja de nuestra historia), es que un Ejecutivo sin el respaldo de una sólida bancada parlamentaria, verá su labor sumamente debilitada. Esto sucedió con los ex presidentes PPK, con una bancada reducida y endeble, y Vizcarra, sin bancada oficial. Esos casos me llevan a ver con precaución a varios de los candidatos tanto presidenciales como parlamentarios. Me preocupan las promesas populistas o trasnochadas de algunos candidatos, los antecedentes negativos de otros candidatos, pero también, y quizá en mayor proporción,  la falta de partidos políticos sólidos y que por ende, tengan una lista congresal más o menos preparada. Un tema del que adolecemos y que se evidencia en la presente elección, es la improvisación en la elaboración de las listas congresales de la mayoría, si no de todos, los partidos que participan en estas elecciones generales.

No opinaré a favor de tal o cual candidato (mi voto ya está decidido desde antes de los debates de la última semana). Considero que la decisión de optar por un candidato determinado, debe quedar a criterio de la razón de la ciudadanía. Y para tomar una decisión tan importante -teniendo en cuenta la magnitud de lo que está en juego para los próximos años, y más en el panorama en que nos está dejando la pandemia- la ciudadanía debe informarse a conciencia. Más que votar por apasionamiento, con el hígado, por la simpatía o antipatía que nos despierta tal o cual candidato, apliquemos la razón. Revisar los planes de gobierno no basta; algunos de ellos son demasiado cortos, otros copian información de Wikipedia, otros más ofrecen recetas fallidas en otras partes. Pero tampoco podemos votar por el “mal menor”, como sucede desde el año 2006, al menos; porque luego terminamos quejándonos del gobierno resultante. Una elección racional es lo mínimo que espera el Perú para lograr concretar el sueño republicano sobre la base del ciudadano independiente política y económicamente, capaz de elegir de forma imparcial lo mejor para el país. Confiemos que, en los próximos días, el elevado porcentaje de indecisos pueda decidir su voto con responsabilidad y sin apasionamientos, al margen de la opción que escogiesen, ya que de su decisión dependerá el porvenir de nuestro país, de nuestra aún inconclusa y bicentenaria República.

Categoría: Política

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Freddy Centurión González

Norteño, Historiador del derecho.