DESDE BAVIERA


(El Debate)

Ricardo Ruiz de la Serna del diario español El Debate nos comparte un excelente articulo sobre las
últimas elecciones en la católica Baviera, región principal de Alemania en donde el partido Unión Social Cristiana (CSU) ha sufrido una baja en las preferencias electorales. │

Con casi trece millones de habitantes, Baviera es el mayor Land de la República Federal Alemana y una de las seis regiones más ricas de Europa. Su PIB supera el de 21 de los 27 países de la Unión Europea. Dotada de una fortísima personalidad histórica –fue reino hasta 1917 y la casa de Wittelsbach ha dejado por doquier huellas de su presencia- ha sido el contrapeso tradicional a las políticas llegadas de Berlín. Católica, conservadora y apegada a las tradiciones, fue la plaza fuerte del Partido Nacionalsocialista en sus orígenes y el centro de la oposición católica a Hitler hasta el final de la guerra.

Por eso, no debe sorprender la importancia que se ha dado a los resultados de las elecciones estatales al Parlamento Regional Bávaro del pasado 14 de octubre. Con una participación del 72,4 %, estaba en juego la mayoría absoluta de los democristianos conservadores de la CSU –el partido hermano en Baviera de la CDU de la canciller Angela Merkel-, que llevan en el poder desde los años 60. Desgastados por el paso del tiempo –unas cinco décadas- y por un cambio profundo en las prioridades de sus votantes, los democristianos se enfrentaban a dos fuerzas en ascenso: los Verdes y Alternativa por Alemania (AfD), es decir, aspirantes tanto a su derecha como a su izquierda.

La CSU ha obtenido una mayoría simple, pero ha perdido la mayoría absoluta. De los 205 escaños en juego, sólo ha obtenido 85 y el 37,2% de los votos. Atrás han quedado los tiempos en que ganaban elecciones con mensajes de creación de empleo y valores tradicionales. En Baviera no falta trabajo. La región acoge industria pesada, centros de investigación científica y tecnológica y está centrada en la exportación. Su posición en la Europa Central –es zona fronteriza con Austria y la República Checa- le da una gran ventaja a la hora de exportar y beneficiarse del transporte y el comercio internacional. Aquí lo que faltan, pues, son trabajadores. En este sentido, la CSU ha vivido de las rentas del pasado mucho tiempo. Sus líderes regionales y locales vienen del tiempo del “milagro alemán” y la reconstrucción del país, que quedó arrasado después de la II Guerra Mundial.

Sin embargo, hoy Baviera se enfrenta a otros desafíos: la compatibilidad entre la industrialización y la protección del medio ambiente, la integración social de los inmigrantes y refugiados, el poder adquisitivo de las pensiones y el coste de la vida… Los problemas y las prioridades de una sociedad opulenta son diferentes de los que afrontan otros Länder como Sajonia o Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

Así, cuestiones como la protección del campo, la política urbanística en torno a la construcción de polígonos industriales e infraestructuras para la exportación –carreteras, centros logísticos, etc.- y el sostenimiento de la agricultura han ido cobrando una mayor importancia en la agenda de los ciudadanos. Uno debe buscar aquí las causas del ascenso de los Verdes. Europeístas, multiculturalistas y con una profunda sensibilidad para los asuntos ambientales, los Verdes han sabido aprovechar el espíritu del tiempo y cohonestarlo con una propuesta muy próxima a la socialdemocracia en asuntos sociales. Uno puede votar a los Verdes sin ver en peligro el estado del bienestar. Esto se ha materializado en el 17,5% de los votos y 38 escaños.

El otro tema central es la identidad. Aquí Baviera es un sitio algo singular. A medida que uno va desde el sur católico hacia el norte –donde la presencia protestante se siente con mayor fuerza- la cuestión de qué es ser alemán -y, si a eso vamos, qué es ser bávaro- se va planteando en otros términos. La propia configuración histórica de Alemania ha hecho de la identidad uno de sus temas centrales. Nociones como la “Bildung” -la famosa “formación” alemana de amplias bases humanísticas y científicas- y la propia lengua eran determinantes de lo que era “ser alemán” por encima de consideraciones jurídico-políticas como la ciudad estado o el principado en el que uno hubiese nacido. Antes de que Alemania existiese como Estado, ya existía como idea cultural. Cuando Fichte escribe sus célebres “Discursos a la nación alemana” (1808), no existe un Estado alemán, pero sí existe cierta identidad común de los alemanes.

Este debate identitario no debe soslayarse y es una simplificación asociarlo, sin más, a la “extrema derecha”. La CSU ha sufrido las consecuencias del apoyo a la política de apertura de fronteras que la canciller Angela Merkel acordó en 2015. Tres años después, en Baviera, sus socios han pagado las consecuencias. Nótese que no es tanto un problema de políticas “sociales” –aunque ha habido cierto descontento con las ayudas a los refugiados y los inmigrantes que no han conducido a una integración en la sociedad alemana- como algo más profundo: la cuestión de qué es ser alemán y, en relación con eso, cómo se integra uno en Alemania.

Algunos verán aquí un problema de racismo, pero las cosas son bastante más complicadas. Eugenio Montes decía en “El viajero y su sombra” que “hay países, como Portugal, que han nacido para ir por esos mundos de Dios. Otros, como Bélgica, parecen haber nacido para que esos mundos de Dios pasen por ellos […] Portugal es un caminante. Bélgica tan solo un camino”. Pues bien, Baviera y, en general, Europa Central es una encrucijada. Esto es un mosaico de pueblos. La configuración histórica de Alemania unió a los francos, los bávaros, los sajones, y suavos. Habría que sumar a los bohemios. En todo caso, desde sus orígenes, Baviera ha sido un lugar de asentamiento de muchos y paso de muchísimos pueblos desde los romanos hasta los checos. Es injusto decir, sin más, que el debate sobre qué es ser alemán, es “racista” o “xenófobo”. La educación –el sistema alemán es admirable- y el aprendizaje del idioma eran los pasos naturales para la entrada en el mercado laboral y la integración en la clase media. Rosa Sala Rose ya señaló, en “El misterioso caso alemán”, la importancia de este grupo social en el devenir histórico de Alemania desde el arraigo de la prensa hasta la vertebración de la sociedad civil (iglesias, coros, sociedades culturales, etc.).

Es esa clase media –muchos de ellos mandos medios, personal técnico cualificado, pequeños comerciantes- la que se plantea hacia dónde va Alemania. Sus pensiones van perdiendo poder adquisitivo. En algunos lugares, hay un aumento de la sensación de inseguridad que, por cierto, no siempre es sólo la percepción. Hay inmigrantes llegados en 2015 que no se han integrado en la sociedad alemana. No han aprendido el idioma ni un oficio. A diferencia de los Países Bajos, Alemania no ha aceptado, en general, el modelo multicultural. Estos alemanes de clase media- y nótese que aquí es más amplia que la tradicionalmente llamada “burguesía”- se va sintiendo alienada en su propio país. En algunos Länder más pobres que Baviera, a esto se suma la competencia por ayudas sociales y puestos de trabajo. Los intentos de la CSU de presentarse como defensora de la identidad alemana –por ejemplo, la orden de colocar una cruz cristiana en todos los edificios públicos de Baviera como símbolo de la tradición del Land- no ha bastado para que esa clase media se sienta segura frente a las campañas que denuncian la inseguridad, la “islamización de Occidente” y los peligros para la mujer. En este punto, Alternativa por Alemania ha liderado una protesta a la que la CSU ha llegado tarde y sólo de forma reactiva. Al final, AfD ha obtenido el 10,2% de los votos y 22 escaños.

La CSU puede gobernar en coalición, pero ha sufrido un varapalo. Baviera no es Alemania, un país muy diverso y con grandes diferencias entre sus territorios. De este modo, los resultados del pasado domingo sí permiten augurar que el tiempo del cuarto gabinete de Angela Merkel y sus políticas de Gran Coalición están tocando a su fin. El modelo de “grandes coaliciones” viene funcionando en Baden-Württemberg, Baja Sajonia, Mecklemburgo-Pomerania Occidental y el Sarre. También aquí los resultados de Baviera pueden producir consecuencias. La próxima cita electoral es el 28 de octubre en las elecciones de Hesse.

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Fuente: El Debate.es

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