DE "CAVIARES" Y "ANTICAVIARES"


Escribe: José de Manzanedo │

 “El corrupto no puede aceptar la crítica, descalifica a quien la hace, busca disminuir cualquiera autoridad moral que pueda cuestionarlo” (Papa Francisco, 2014)


Desde hace unas semanas, estamos siendo testigos a través de los medios de comunicación de una serie de escándalos y destapes que ponen de manifiesto y confirman la percepción que teníamos los peruanos respecto al profundo nivel de corrupción en que se encuentra empantanada la clase política de nuestro país y sus principales autoridades por tanto, esto no debe constituir una sorpresa para nadie.

Lo que sí llama la atención, es que frente a la evidencia de la corrupción mostrada, haya un importante sector de la opinión pública que pretenda descalificar a quienes han difundido estas evidencias en razón de su orientación ideológica es decir, terminan condenando al que destapa la basura antes que a la basura misma.

Y claro, como los que han hecho las denuncias son los que se conocen en el espectro político como los “caviares”, el sector del país que se considera “anti caviar” se detiene y pierde el tiempo especulando sobre la intencionalidad oculta de las denuncias y la calidad moral de los denunciantes en vez de proponer remedios contundentes y eficaces contra este cáncer que esta enquistado en nuestro país desde tiempos virreinales y que ha hecho metástasis en todo su tejido social e institucional.

De esta manera, los llamados “anti caviares”  y sus opinólogos  terminan haciéndole el juego a la corrupción al presentarse como benevolentes frente a sus operadores sin darse cuenta de que de esta forma se desprestigian - y también a las justas y loables causas que muchos defienden como la Vida y la Familia - frente al ciudadano común que termina asociándolos justificada o injustificadamente con la corrupción y que hasta los puede llegar a considerar cómplices de la misma por omisión.

Y lo más penoso desde una perspectiva social cristiana y en consonancia con las reiteradas condenas del Papa Francisco a este flagelo mundial puesto de relieve en Latinoamérica a través del caso Oderbrecht – no en vano su Santidad se preguntó en su reciente visita al Perú por qué nuestros Presidentes terminaban presos – es que estos “anti caviares” muchos de los cuales se jactan de su catolicismo militante son casi siempre los mismos – como ya lo señalamos líneas arriba - que enarbolan causas emblemáticas de nuestra Iglesia como la defensa de la vida humana desde la concepción y de la familia natural basada en la institución matrimonial  conformada por hombre y mujer. No se entiende entonces cómo católicos que tienen las cosas tan claras en estos puntos medulares de la Doctrina Social de la Iglesia, puedan cerrar un ojo o ponerse de costado a la hora de condenar como corresponde a la corrupción y a los corruptos con la mayor firmeza posible, toda vez que estamos frente a hechos claramente inmorales o pecaminosos desde un punto de vista ético y delictivos desde un punto de vista penal, acusando de esta manera una tremenda incoherencia y haciéndole así un flaco favor a la Iglesia de la que se consideran sus más firmes apologetas.

Y esto se agudiza aún más cuando estos mismos hermanos en la Fe impulsados por su rechazo “anti caviar” acaban respaldando opciones político electorales lastradas por décadas de corrupción y sin ninguna autoridad moral o legitimidad por tanto para combatir el mal que de por sí llevan inscrito en su ADN lo que no implica, por supuesto, que los denunciantes “caviares” sean impolutos o mejores que sus contrarios ideológicos, en absoluto, pero no por esto podemos minimizar las denuncias anticorrupción en razón de quienes las realizan o de las motivaciones que puedan tener para hacerlas pues el mal es objetivo y no depende ni de la posición ideológica, calidad moral o intención de quien lo señala.

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