NUCHI DU TAKARA: LA CHICA CON LA BANDERA BLANCA Y JORGE OSHIRO HIGA


Escribe:  Munetaka Ganaha. │  Foto de Tomiko Higa  saliendo de la caverna donde estaba escondida portando su bandera blanca.

Dentro de algunas semanas se recordará el 73 aniversario del inicio de la batalla de Okinawa, un 1ro de abril de 1945, y a modo de continuación sobre mi nota acerca de NUCHI DU TAKARA, consideré importante actualizar una nota publicada el 16 de agosto de 2011 sobre los horrores de esta guerra en Okinawa y la primera traducción al castellano del libro "La Chica con la Bandera Blanca" escrita por Tomiko Higa y traducida al castellano por Jorge Oshiro Higa.
Desde que escribí este artículo hace 7 años, muchas cosas han pasado. 
El filósofo nisei Jorge "Kenchan" Oshiro Higa, nagunchu, amante acérrimo de Okinawa y de los valses criollos falleció. Kenchan nisan compartía muchos intereses conmigo. A pesar de vivir él en Alemania y yo en el Perú, ambos coincidimos en nuestro interés en el uchinaaguchi, la guerra de Okinawa y las costumbres religiosas de los uchinaanchu. Kenchan nisan fue uno de los precursores más entusiastas en la difusión del uchinaaguchi en el Perú. En el 2010 escribió y distribuyó en forma privada, el primer diccionario uchinaaguchi-castellano basado en dos diccionarios en inglés, el libro "Okinawan Basic Words 1000" del profesor Takeo Nakamura y "Okinawan-English Workbook" del profesor Mitsugu Sakihara. Y además tradujo el libro "La Chica de la Bandera Blanca" de Tomiko Higa. Tanto el diccionario uchinaaguchi-castellano como "La Chica con la Bandera Blanca" fueron impresos por Kenchan nisan en Alemania y repartidos entre shimanchu y amigos en Lima.

En aquella época, en 2011, yo cuestionaba el porqué solo leíamos "El Diario de Ana Frank" en las escuelas de Perú y Japón pero desde hace 4 años, éste último forma parte del curso de Ciencias Sociales de las escuelas primarias del Japón por el elevado mensaje de amor por la humanidad y por la paz que la historia de Tomiko Higa enseña. En la actualidad, podemos decir sin temor a equivocarnos que todos los niños japoneses conocen la historia de Tomiko Higa.
El libro puede ser leído en la Biblioteca Elena Kohatsu del Centro Cultural Peruano Japonés y Okinawa Fujinkai también cuenta con varias copias.
Aquí abajo les publico el artículo original.

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RECORDANDO EL FIN DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: LA CHICA CON LA BANDERA BLANCA
Nota publicada el 16 de agosto de 2011

El pasado 15 de agosto se celebró en el Japón el fin de la guerra del Pacífico. Este hecho pasó desapercibido en el Perú debido a las vacaciones de invierno de los chicos y el ajetreo del obon que terminó el pasado domingo 14. Sin embargo, celebrar el fin de la guerra y recordar en esta fecha a todas las personas que murieron durante esta larga contienda no debería ser una mera actividad social o institucional más sino una obligación moral hacia nuestros antepasados y para las futuras generaciones.
Esta no fue una guerra que uno vio en las películas o leyó en las novelas de acción. Esta fue una guerra que cambió y decidió nuestro destino. Miles de familias japonesas fueron deportadas desde el Perú hacia los campos de concentración de Crystal City y Kennedy City en los EE.UU. Muy pocos volvieron al Perú, muchos murieron, familias fueron separadas para siempre. Casi todos los issei y nissei que se quedaron tuvieron que empezar, por segunda vez, desde cero, sin nada, al embargárseles sus bienes al empezar la guerra. ¿Qué habría sido de nosotros si no hubiese acontecido la segunda guerra mundial? ¿Todavía estaríamos en el Perú? ¿Seríamos todos japoneses?
A principios de agosto, el filósofo nisei Dr. Jorge Oshiro Higa me envió un paquete que tuve que recoger del correo de Lince. Dentro del paquete encontré varias copias de su traducción al castellano del libro "La Chica con La Bandera Blanca" (白旗の少女)escrita por Tomiko Higa. Yo conocía este libro. Me lo regaló mi tío abuelo Gushiken Kozen cuando lo visité en diciembre de 1989. Dentro del paquete encontré una nota pidiéndome repartir los libros entre varios parientes y shimaanchu. Repartí los libros como me pidió Oshiro-san pero no sabía por qué no quería abrir el libro y comenzar a leerlo. Así pasaron 2 semanas hasta que al fin comencé a "releerlo" después de 20 años y recordé lo mucho que me impactó este libro la primera vez que lo leí.
Era la primera vez que leía el relato directo de una testigo de los horrores de la guerra en Okinawa. Tuve varios tíos y parientes que estuvieron en esta guerra y la mayoría nunca quiso dar muchos detalles de lo que pasó. Todos querían borrar esos horrores de su memoria. Sin embargo, lo cierto es que en Nago y en Yambaru (Zona Norte) en general, no sufrimos tanto ya que no habían muchas tropas japonesas y la zona fue ocupada inmediatamente. Pero los parientes que estuvieron en Shimajiri (Zona Sur) coinciden en decir que fue "jiguku", el mismo infierno, y que su peor terror eran los soldados japoneses. Al volver a pasar las páginas del libro, volvieron a mi mente la desesperación de Tomiko de encontrar refugio en las cavernas y el rechazo de las personas que estaban escondidas en ellas. Parece ser que la cruedad de la guerra vuelve a la mayoría de la gente en "onis" o demonios. Los uchinaanchu eran robados y asesinados por los mismos soldados japoneses. Mucha gente fue acribillada por hablar en uchinaaguchi. Parientes en Itoman fueron testigos de los asesinatos cometidos por los mismos soldados japoneses y hasta el día de hoy odian a los soldados japoneses e inclusive a los japoneses en general.
En 1971 dieron en el Perú un filme sobre la Batalla de Okinawa titulada "Okinawa Kessen" "Gekidou no Showa-shi" (La batalla decisiva por Okinawa, la historia de los violentos años Showa). Fue un filme impactante donde se cuenta mucho de lo que Tomiko cuenta en su libro. La actitud egoista de los soldados que se escondían en las cuevas y expulsaban a las familias uchinaanchu, la matanza de civiles por hablar uchinaaguchi acusándolos de espías, la búsqueda desesperada por refugio de cueva en cueva, los soldados japoneses obligando a las madres a matar a sus bebes para que no delatasen su posición, el asesinato de 18,000 soldados heridos en el Hospital Militar de Haebaru debido a que no podían moverse o ser evacuados y el alto mando japonés consideró muy peligroso dejar atrás a soldados y jóvenes uchinaanchu que seguramente iban a informar a las tropas americanas la cantidad de armamento y tropas restantes, dónde se iban a esconder, etc. Muchos fueron envenenados, otros obligados a cortarse el cuello. Como era la primera vez que llegaba una película sobre Okinawa y no sabiendo que era tan sangrienta, convencí a mi oba para ir a verla al Cine República. En el cine nos encontramos con varios shimaanchu, entre ellos Higa Koei ojisan. Oba, Koei ojisan y otros issei salieron a mitad de película con lágrimas en los ojos diciendo que no podían ver más y nos fuímos llorando a casa. A pesar de lo horroroso del filme, yo tenía que saber qué pasaba al final. Volví al día siguiente y ví la película completa. Está demás decir que terminé asqueado de las atrocidades del ejército japonés.
Es muy confuso para nosotros los uchinaanchu, somos japoneses también y es difícil decir que uno odia a los japoneses. Simplemente es difícil entender como un ser humano puede cometer semejantes atrocidades con sus semejantes.
Aquí en el Perú o en el Japón, se nos hace leer el Diario de Ana Frank en la secundaria. No se por qué en el Japón no leen "La Chica con la Bandera Blanca". No es un recuento de héroes militares y campañas militares. Es un testimonio vívido de cómo era la vida diaria en Okinawa durante la guerra, el amor entre padres, hijos y hermanos, qué educación recibían, qué sentía Tomiko como una niña de 7 años, las experiencias extraordinarias que tuvo y cómo fue protegida por el espíritu de sus padres y de su nini, el ojiichan y la obaachan de la cueva.
Este libro merece ser leído y difundido, no solo por nosotros los adultos, pero especialmente por la nueva generación yonsei que ha nacido y crecido dentro de la aparente abundancia material y paz de los últimos años recibiendo todo en bandeja. Ellos son los que más necesitan conocer esta faceta de la naturaleza humana. No de un judío o un francés, pero de una niña uchinaanchu, nuestra sangre y alma.
Los invito a conocer a Tomiko Higa, una verdadera heroína, que podría ser su hermana o su tía, una persona como nosotros pero que con sus experiencias cambiará nuestras vidas.
Para facilitar la lectura de este libro, se van a donar copias a la biblioteca de APJ y a las escuelas de la colectividad.

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