A LA CONQUISTA DEL CENTRO



Escribe: José de Manzanedo │


Siguiendo las noticias de los últimos días, todo indica que nos encontramos en las postrimerías del régimen presidencial de PPK, de quien diversos analistas políticos afirman que su salida de la Presidencia no pasa de marzo, debido al nuevo pedido de vacancia presidencial impulsado por parlamentarios fujimoristas e izquierdistas, en base a nuevas y mayores sospechas de corrupción que lamentablemente ensombrecen al actual mandatario.

Y si la vacancia procede y siguiendo la sucesión constitucional, el primer vicepresidente, Martín Vizcarra, asumiría la Presidencia y se vería obligado quizás - en aras de la gobernabilidad del país - a conformar un gabinete si no fujimorista, al menos “fujimoristón”, para que reciba el voto de confianza del Parlamento de mayoría naranja.

De esta manera, el ppkausismo y el fujimorismo continuarían como lo vienen siendo desde las elecciones generales del 2016, los actores principales de la coyuntura política peruana. Ambos, hay que decirlo, representan para el electorado expresiones u opciones de lo que se conoce en términos ideológicos como la centro-derecha; de pronto la primera más técnica, democrática y liberal, mientras la segunda más popular, autoritaria y conservadora pero las dos, lamentablemente, signadas por el estigma de la corrupción.

Y sí consideramos que la opinión pública peruana reflejada en las encuestas está harta de la corrupción del sistema político, las opciones antes mencionadas podrían encontrarse entre las más afectadas o castigadas por su identificación con ésta de cara a un siguiente proceso electoral pero no solo eso, sino que este hartazgo popular podría traducirse también en una corrida de votos hacia opciones anti-sistema como las enarboladas por personajes del calibre de Antauro Humala - quien sale de prisión próximamente - o de Goyo Santos.

Según los últimos sondeos de opinión, se perfilan como candidatos de fuerza para las próximas elecciones presidenciales los dos hermanos Fujimori, los representantes de la izquierda y Julio Guzmán - al que muchos ya denominan el Macrón peruano – de quien si uno revisa las redes sociales de su partido, se define como un centrista radical además de encontrarse en campaña permanente pero discreta desde que el JNE le impidió candidatear en el 2016, viajando por el interior del país desde esa fecha y posicionando así a su Partido Morado por las calles y plazas de todo el Perú. 

También se rumorea sobre la muy probable candidatura de Richard Acuña por “Alianza para el Progreso” en defecto de su padre, Cesar, a quien de esta forma trataría de reivindicar de su fallida postulación presidencial truncada también por el JNE.

Siendo así el panorama electoral por el momento, con un fujimorismo dividido y lastrado por su corrupción de antaño, una izquierda antisistema también dividida pero amenazante, dos figuras “centristas” con poco basamento ideológico y un gobierno de centro derecha liberal y tecnocrático en crisis, debemos preguntarnos si es que en este escenario puede tener cabida una nueva opción de centro derecha humanista y solidaria, por qué no socialcristiana, libre de pasivos éticos y respetuosa del Estado de Derecho, que pueda representar a aquel sector de la población que no se sienta representado ni por el fujimorismo ni por la izquierda, pero que al mismo tiempo anhele opciones intermedias nuevas, libres de corrupción y sólidas doctrinariamente. Dicho sector es importante resaltar - a la luz de un sinnúmero de encuestas realizadas a lo largo de los últimos años - se encuentra desde hace mucho tiempo sub representado y por tanto sin una opción política seria que lo encarne, por lo que cada cinco años se ve obligado a votar por el mal menor. Me refiero a aquel conjunto mayoritario de peruanos de raigambre humanista que rechazan al socialismo pero también a la corrupción - aunque sea de derechas - orgullosos y fieles de su tradición e identidad cristianas.




Frente a la pregunta antes formulada, mi respuesta es afirmativa. Yo creo que sí y que estamos todavía a tiempo de construir una alternativa de gobierno. No sólo es posible sino que además se constituye en un deber de conciencia a la luz del Magisterio de la Iglesia - más aún en momentos de crisis como los que estamos viviendo en nuestro país – el asumir nuestra responsabilidad y compromiso como ciudadanos por el Bien Común de nuestra patria, reflexionando y trabajando desde ahora propuestas con miras a las próximas elecciones generales.

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