Navegar contra corriente


Cristian E. Silvera Curi* │

Los trabajos que realice para poner en valor el Archivo Arzobispal de Ayacucho (A. A. Ay.) me llevaron a experimentar diferentes anécdotas que me hicieron percibir algo que fue constante en la mentalidad de las personas, y que creo sería necesario detenernos a pensar ¿Por qué? es prácticamente regla común en muchos, ya que contradice la idea de que somos el país de la gente con ingenio y talento, de la gente emprendedora o será que esta característica ha cambiado en las últimas generaciones o de repente nuestro espíritu emprendedor solo se da cuando sales del país y de la nada te conviertes en alguien.

Aparentemente las personas están creyendo de forma tajante, (“desde un plano netamente objetivo y real”) que son muchos los factores por los cuales, “con toda razón”, aseguran que es ¡imposible! hacer algo sin ningún tipo de recursos, y mucho más complicado aún, si ni siquiera se cuenta con ningún presupuesto, ¡y esto!, pese a que se pudiera tener la base o materia prima de algo, que puede ser un ingreso económico modesto y estable, un terreno o tierras, una casa, alguna habilidad o talento, una profesión o  incluso el mismo apoyo material y emocional que brinda la familia; por lo mismo, pienso que basta que se tenga el aspecto básico o materia prima de algo, de cualquier cosa, de lo que fuese, ya se pueden hacer muchas cosas porque es “algo” objetivo y real que tan solo necesitaría ser trabajado para ser rentable; obviamente y aquí viene lo complicado para casi todos, que en muchos casos ir en la búsqueda de un objetivo requerirá de muchísimo esfuerzo, de no dejarse tumbar por nada ni con nadie porque  finalmente, y de esto estoy seguro, se tendrá un resultado, un producto, que dará mucho o poco quizá, pero será la base estable, para sobre ella, incrementar los logros que se van a ir teniendo en el camino.


El esfuerzo, el creer en un objetivo, requiere de la inversión de mucho de nuestro  tiempo y hasta de recursos que no dispones. Por lo mismo, muchos mentalizan que la forma más inmediata de “asegurarse la vida” son  los cargos y puestos de trabajo que ofrece el aparato estatal (burocracia), y el de ser empleados bajo condiciones de presión laboral en el sector privado, formas inmediatas de buenos sueldos, y esto está “bien”; pero en el sector profesional – académico (sin ánimos de superioridad) ¿debería también ser así?, haberse esforzado estudiando los años de formación universitaria para solo ser un obrero con grado universitario (sin alusiones despectivas al sector obrero), “para esperar y hacerse de la vista gorda frente a la burocracia” (corrupción), y de este modo acceder a un status de vida soñado, autolimitándose a ser solo entes operarios, técnicos, piezas de máquinas de ejecución, porque los sueldos que reciben los enceguecen, y de este modo están creyendo, que por la aparente “estabilidad económica que se experimenta en estos momentos, y que para algunos sectores es más notorio”, que ya estamos entrado a la categoría de un país en vías de desarrollado, cuando lo único que nos está pasando es que somos operarios de las formas ya establecidas, y con esto no quiero generar un discurso pro estatización de la banca, lo único que digo es que en pleno siglo  XXI, el conocimiento sigue siendo exclusividad de “algunos”, porque lo que basta y debería bastar, es “barriga llena, corazón contento”, claro algunos llenarán sus barrigas con caviar y su corazón con lo último de la tecnología que la modernidad ofrece, frente a los “otros” que lo harán con lo que su economía les permita. En otras palabras, la plata que la burocracia genera y que anhelan muchos, estaría limitado en las personas la capacidad de innovar, de liderar, de esforzarse por un objetivo, porque la tecnología que se espera de fuera y que lo obtendrán con el dinero que ganen, lo hará por ellos. No creo que deba de ser así, apostemos por el esfuerzo y el uso de nuestros bien dotados cerebros, rompamos la idea de que si no nos dan con que hacer, no se podrá hacer nada porque hay que esperar que las cosas lleguen. Es tiempo de una revolución sí, pero de una revolución del conocimiento que nazca de nosotros mismos.

*Antropólogo - Director del Archivo Arzobispal de Ayacucho 

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