Expertise y Política para servir al bien común



Escribe: Kathleen K. Zegarra Delgado * │


El actual gobierno inmerso en  situación de crisis política sostuvo desde el inicio del mandato  la necesidad de encauzar la gobernabilidad del país sobre la base de contar con los mejores técnicos, funcionarios de amplio nivel de expertise; sin embargo, la censura a  ministros por parte de una mayoría parlamentaria opresora, la promoción de vacancia presidencial y posterior abstención de algunos congresistas-principalmente de la fuerza opositora- sustentado en el otorgamiento de un indulto express al ex presidente Fujimori coloca en evidencia el fútil manejo político del presente gobierno. Dentro de este contexto, resulta necesario cuestionarse ¿El bien común solo se alcanza con buena política sin tecnicismo? ¿expertise y política se contraponen o pueden integrarse? Trataremos de dar algunos alcances al respecto.

Expertise sí, pero con rostro social

El anglicanismo expertise según el diccionario de Merriam Webtser a la habilidad o conocimiento especial o la habilidad o conocimiento de un experto[1], es decir, se considera la capacidad entendimiento sobre determinado tema, implica sostener una perspectiva técnica para solucionar problemas concretos, más aún para gestionar el país conforme a resultados: “Dilucidar de qué forma va a alcanzar los objetivos propuestos, la clase de beneficios propuestos, la clase de beneficios que obtendrá y las sanciones que se le aplicaran durante su desempeño, ello significa un cambio de valores en el ámbito administrativo, pasando de la regularidad y la conformidad procedimental al rendimiento”[2].
En este sentido, pareciera que la tecnocracia, caracterizada por la traslación de la verdad científica y/o técnica al ámbito de la política, se convierte en un gobierno de sabios, técnicos, expertos, representaría la solución ante la ineficiencia política, colocándola en un estadío fundamentada sobre la base de la neutralidad, considerándose como la única vía para solucionar los problemas de nuestra sociedad.

Sin embargo, la tecnocracia comprendida de esta forma, se corresponde con una visión elitista, capaz de estructurar la Administración Pública y el ejercicio del poder  mediante la sustitución de lo político.

La expertise practicada por muchos de nuestros expertos suele realizarse desde el buró,  sin  involucrarse con la realidad in situ, desconociendo la raíz de dificultades que presenta un país, un departamento o un distrito. Así por ejemplo, en el Perú, existen una gran cantidad de conflictos socio-ambientales que en su mayoría ostentan el carácter de latentes; del mismo modo, la falta de coordinación en los tres niveles de gobierno (nacional, regional, municipal) para llevar a cabo la reconstrucción con cambios por causa del Fenómeno del Niño Costero, debilitamiento de nuestras instituciones jurídicas, el menoscabo de los derechos fundamentales reflejado en el índice de criminalidad, delincuencia, corrupción.

La gran falencia de muchos tecnócratas que laboran en la Administración Pública es visualizar los problemas “desde un helicóptero” sin aterrizar en soluciones concretas, eficientes y eficaces porque los datos les fueron otorgados a través de un portal web y no obtenidos de forma directa, lo cual implica involucrarse y comprender las necesidades de la población. La expertise ejercida por un tecnócrata que desempeña un cargo público resulta vacía, sin sentido, ni compromiso con la ciudadanía. La tecnocracia ignorante de la realidad no puede guiar la gobernabilidad de una nación y respetar el desempeño de la gobernanza de nuestra sociedad.
Política sin populismo
La política y populismo no son similares, aunque mantengan una relación para determinar entre aquello correcto e incorrecto a aplicarse. El populismo simboliza aquella tendencia que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo, sus líderes buscan ser justicieros y moralistas, manipulando a las masas en cuanto, anhelos, expectativas sin garantizar los canales efectivos para su gestión.
Como contrapartida, la política se encuentra concebida como la actividad humana concerniente a la toma de decisiones que conducirán el accionar de toda la sociedad; orientando su quehacer a conseguir la realización del bien común, entendido este desde la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio. Siguiendo esta lógica, un buen político procurará hacer prevalecer los intereses del Estado, bienestar de su nación por encima de intereses particulares. Entonces, ¿Solo la política sirve para dirigir un país?, un buen político no es quien utiliza la demagogia para confundir a la población, un político es quien actúa de forma coherente y auténtica, respeta los derechos humanos, la independencia de las instituciones, no se envilece con el poder otorgado por la ciudadanía. Para ser un buen político, se necesita cercanía a la realidad y saber cómo actuar, de esta manera se orienta lo conocido de la expertise y se enlaza con lo bueno de la política en el arte del bien común. Pareciera la utopía del mejor de los mundos, la preguntas es ¿Cómo conseguirlo?

Expertise y Política para servir al bien común

La expertise y política son las dos caras de una misma moneda para realizar gestión pública en un país, un departamento, una provincia o distrito, se necesita de ambas. Según indiqué en el párrafo introductorio, nuestro presidente nos ha dado una lección clara: necesitamos personas con expertise, adecuado manejo político ambos unidos a la ética. En nuestro panorama de crisis podemos observar expertos de “escritorio” y populistas. No es un tecnócrata quien antepone el lobbysmo al conocimiento, así como no es un buen político, aquel que no tiene vocación de servicio.

Es el momento de pasar del lirismo a la acción, integrar la expertise técnica, profesional y empírica en el ámbito político para generar cambios reales cuyo enlace sea el actuar ético, nuestro actuar ético, no considero que la “democracia esté sobrevalorada”[3], si nos involucramos siendo gestores de nuestro país podemos revertir los resultados adversos, demostrar la concreción del bien común si es posible porque como diría el filósofo y político británico Edmund Burke: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.




[2] IVANEGA, Miriam Mabel. Principios de la Administración Pública. 6ta edición, Buenos Aires, Editorial Ábaco de Rodolfo de Palma. 2005, p.85
[3] Frase utilizada por Frank Underwood en la serie americana The House Of Cards


*Abogada. Especialista en políticas públicas por la Fundación Konrad Adenauer Uruguay y ACEP Argentina. Consultor. Miembro del Instituto de Estudios Social Cristianos (IESC). Ex asesor legal del Ministerio de la Producción-Gobierno del Perú

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