Los esclavos modernos en el mundo


(Redación RÉ │ ABC)
Decenas de personas se han manifestado esta semana, indignadas, frente a diversas embajadas libias en países europeos al grito de "deploramos la esclavitud" en sus pancartas y tuits. Las denuncias de un creciente de un moderno mercado de esclavos» en Libia, donde se «compra» y vende hombres y mujeres subsaharianos atrapados en el país árabe en su odisea con destino Europa han removido conciencias y la opinión pública de miles de personas fuera y dentro del país. Sin embargo, pese a que la esclavitud fue declarada ilegal por la mayoría de los países hace casi 150 años, la «esclavitud moderna» no es un fenómeno ni reciente ni circunscrito a Libia.
Casi 25 millones de personas en todo el mundo sobreviven en situación de esclavitud y trabajos forzados, a lo que organizaciones internacionales en contra de la trata añaden los 15,4 millones de mujeres atrapadas en matrimonios forzosos: 40,3 millones de personas en total -5,4 por cada 1.000-, según cifras de 2016 estimadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT, ILO en inglés).
«La esclavitud nunca terminó, sólo ha evolucionado», sostiene a ABC Sophie Otiende, coordinadora de la organización HAART (Awareness Against Human Trafficking), que desde Kenia trata a nivel local el fenómeno de esta moderna esclavitud en África oriental. Matrimonios forzados, servidumbre por deudas, prostitución forzosa o infantil, venta de órganos, adopciones forzadas e incluso inducción a actividades criminales como el terrorismo son sólo algunos de los ejemplos de esta nueva esclavitud. «El tráfico de personas es una nueva forma de esclavitud», añade Otiende.



Mariam, una joven keniana recuerda a este diario cómo acudió a una agencia que le prometía «un buen trabajo» en Emiratos Árabes Unidos como camarera. Le consiguieron un pasaporte y la mandaron a trabajar en una casa donde estuvo encerrada durante siete meses, trabajando como criada, sin recibir salario a partir del segundo mes, y donde la «dueña» de la casa se había apropiado de su pasaporte para impedirle huir. Angustiada y ante las continuas amenazas y malos tratos que recibía en esa casa, Mariam consiguió escapar y regresar a Kenia, donde recibe apoyo psicológico y económico para volver a sacar su vida adelante.
Mariam es una de las víctimas de esta esclavitud moderna, un concepto amplio que engloba a aquellos que son obligados a trabajar mediante coerción o amenazas tanto físicas como psicológicas, aquellos deshumanizados como «propiedad» de un «amo» o empleador, aquellos «vendidos» o aquellos a los que se les constriñe su libertad de movimiento. Según un estudio publicado el pasado octubre por la OIT, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la fundación «Walk Free», el 60% de las víctimas de trabajos forzados son explotadas en el trabajo doméstico, pero también en la construcción, agricultura y pesca, fábricas clandestinas. Casi 5 millones (4,8) de mujeres -un 1% de hombres- son explotados sexualmente, ya como “esclavas sexuales” o forzadas a prostituirse.

«En todos los países del mundo»

Presente en «prácticamente todos los países del mundo» según la ONU, las víctimas son generalmente de los grupos más vulnerables: etnias criminalizarlas, grupos sociales empobrecidos y excluidos, inmigrantes, minorías, mujeres y niños. Las mujeres y niñas son el 71% de las víctimas de la esclavitud moderna: madre soltera, pobre y con un hijo, Mariam fue una presa «fácil» para las redes de explotación laboral en el Golfo, cuenta a este diario. En el sudeste asiático, en cambio, la esclavitud moderna está ligada al sistema de discriminación por castas: la organización Anti-Slavery International estima que entre el 80 y el 98% de los trabajadores en condiciones de servidumbre en la región son de la casta dalit (los llamados «intocables») o de comunidades indígenas.

África es el continente con mayor número de «esclavos modernos» por cada 1.000 habitantes, con 9,24 millones (tanto trabajos en condición de servidumbre como matrimonios forzados) -7,6 de cada 1.000-, seguida por Asia y el Pacífico (6,1 personas de cada 1.000, un total de 24.990 millones), con India (18,35 millones), China (3,38 millones), Pakistán (2,1) y Bangladesh a la cabeza. En Europa y Asia central habría todavía 3,5 millones (3,9 por cada 1.000) de esclavos modernos, por delante de la región de las Américas o de los estados árabes, aunque la OIT advierte de la «falta de datos disponibles» en esta última área geográfica.
Kobina era sólo un niño cuando fue entregado por su tío a trabajos forzados en las pesquerías del lago Volta en Ghana (África occidental), donde muchas familias trafican con sus propios hijos para obtener dinero y comida. “Un día, vi a otro niño ahogarse”, recuerda Kobina, ahora con 15 años. Tras siete años de trabajos forzados, logró escapar y dio con la oenegé Challenging Heights, dedicada a apoyar a los cientos de niños que escapan de esclavitud en la industria pesquera en Ghana. Una de cada cuatro víctimas de esclavitud moderna son niños: 10 millones en todo el mundo. “Hay todavía 152 millones de niños víctimas del trabajo infantil, es decir, uno de cada 10 en el mundo”, apuntó esta semana el director general de la OIT, Guy Ryder.

«Un buen negocio»

Aunque difícil de cuantificar, se estima que los trabajos forzosos generan cerca de 150 mil millones de dólares anualmente, según un estudio publicado en 2014 por la OIT. Según la iniciativa global de las Naciones Unidas contra el tráfico, el tráfico de personas es la tercera mayor industria criminal del planeta, por detrás de las drogas y el tráfico de armas. De esos 150 mil millones de beneficios anuales, dos tercios son fruto de la explotación sexual, mientras la explotación laboral forzosa en condiciones de servidumbre generaría unos 51 mil millones de dólares.

Fuente: www.ABC.es

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