Cosas de la Vida (para Comunistas)




Escribe: Luis Hernández │

Así que ahora, luego de los destapes del caso Odebrecht, los camaradas de la ex alcaldesa de Lima se sienten decepcionados, descorazonados; por lo demás, dicen que no saben de dónde llegó la plata para la campaña del no a la revocatoria. ¿Cómo se puede entender tal reacción? Hacerlo parece complicado; pero no lo es.
Al respecto, desde hace un tiempo abrigo la idea de formular una interpretación de los diferentes aspectos de nuestra realidad nacional; una interpretación, que tome en cuenta el factor espiritual de nuestra vida en sociedad. No se trata aquí de dejar de lado los aportes que las ciencias sociales e incluso las biológicas nos brindan; todo lo contrario, pues lo científico no necesariamente choca con lo espiritual como sí lo hace con algunas ideologías que nacen y pretenden desarrollarse en el más radical subjetivismo, totalmente desarraigadas y desconectadas de lo que es real.
Yo creo que en el factor espiritual está la fuente esencial de la respuesta a muchas de las interrogantes que nos planteamos, frente a las conductas de los miembros de nuestra sociedad, así como también frente a las situaciones coyunturales y estructurales por las que nos ha tocado pasar. ¿Cuando hablo de lo espiritual estoy refiriéndome acaso a lo religioso? Sí; y quiero señalar que, en este caso, mi respuesta va sin tapujos. Sí, porque no encuentro otro camino para entender el fondo de lo que hoy nos está sucediendo. En efecto, una interpretación meramente económica, jurídica, costumbrista o historicista de nuestro devenir resultaría ciertamente limitada; más aún, podría empujarnos a caracterizar como “fenómenos” a aquellos eventos cuya naturaleza no logramos comprender por no ir a la esencia de sus causas.
A propósito, ya que empezaba mencionando a los camaradas de la ex alcaldesa, la mañana de este 28 de noviembre me llevé una muy grata sorpresa: sintonizaba el programa de Phillip Butters y tuve la ocasión de escuchar la entrevista al Dr. Martín Santibáñez (decano de la facultad de derecho de la Universidad San Ignacio de Loyola). Al desarrollar su análisis sobre la situación de la izquierda peruana, el entrevistado tomó como fuente de referencia a las Santas Escrituras y realizó una analogía muy adecuada que bien puede ayudarnos a describir con precisión la conducta de los hoy decepcionados izquierdistas. Para eso, no había más que remitirse a la parábola en la que aparecen dos personajes: el fariseo y el publicano. Si observamos bien, el fariseo no es ni más ni menos que el religioso y políticamente correcto de esa época; frente a él, el publicano es el no izquierdista, o sea el bruto, el achorado, el político apestado de hoy.
Me acuerdo que allá por los años 80, cuando recién había terminado mis estudios de sociología en la universidad San Martín, participé en un conversatorio en el que yo mencionaba que para mí los izquierdistas eran unos social-fariseos. Y hoy, al cabo de los años, vengo a encontrar una grata coincidencia con lo observado por el Dr. Santibáñez. ¿Cómo explicar aquella coincidencia? La respuesta a tal interrogante también está en la misma Biblia: “Por sus frutos los conoceréis”.
No es necesario hacer un gran esfuerzo de abstracción filosófica, ni hay que gastar mucha energía para observar e identificar las conductas y actitudes de los izquierdistas de nuestro país. Al respecto, ahí tenemos a los que desde hace 20 años vienen ensalzándose, proclamándose como los limpios, los inmaculados, los únicos capaces de encarnar la moralidad de la nación, los únicos con la “autoridad” para señalar a los impuros, a los que no forman parte de los suyos y por tanto deberían ser apedreados. ¿A quiénes se parecerán estos? Tampoco es muy difícil avizorar cuál habría de ser su final, pues la Biblia es precisa en señalar que “El que se ensalce será humillado”.
El episodio relacionado con la actitud farisea de nuestros izquierdistas que luego de haberse ensalzado ahora terminan humillados frente a los escandalosos destapes del caso Odebrecht, bien puede ser una muestra de lo sustancial que es el analizar nuestra realidad desde una óptica espiritual. Desde dicha óptica, podríamos llegar a un diagnóstico claro de lo que nos viene pasando y de lo que no debemos hacer para que, finalmente, nuestro país se libre de todo mal, que no necesariamente es solo de izquierda.

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