COFRADÍAS EN EL VIRREINATO




Escribe Harold Flores Cueto │


Las cofradías fueron aquellas instituciones que emergieron en Europa a mediados del siglo XIII y que llegaron al Perú en el siglo XVI con los conquistaron, dentro de un periodo de gran conflicto religioso, buscando reafirmar su fe cristiana y como vehículo de conversión a través de la religión católica, para los nativos americanos.  

Siendo así, estas instituciones se crearon con la finalidad de formular un compromiso de vida y de definir propósitos de culto o de asistencia social. Originalmente funcionaban como sociedades de ayuda mutua, donde sus integrantes aportaban con joyas u objetos de valor, como cuota de ingreso y poder así, solventar la cera que requerían para el alumbrado de los altares de sus titulares, así mismo, cada integrante tenia que desembolsar anualmente una cierta cantidad de dinero de la época, para las necesidades y subsistencia de la institución.

Las cofradías sirvieron, como lo mencionamos antes, de medio de ayuda y asistencia social cuando sus integrantes se encontraban enfermos, prisioneros, hambrientos o en el momento del fallecimiento, de ser así, tenían un lugar digno para que descansen sus restos en la cripta de la capilla o iglesia donde se encontraba su imagen titular, siendo asistidos por todos los integrantes de la cofradía en pleno, cumpliendo con los ritos propios de la época en las ceremonias fúnebres y misas de sufragio en favor de sus almas. Es por ello que la mayoría de sus integrantes, ofrecían en sus testamentos, grandes cantidades de dinero o propiedades en favor de la cofradía, para que así, con los ingresos de estos, se siga sosteniendo el culto de los titulares y como en forma de trueque, estos benefactores o cofrades, pedían ser beneficiados con misas y sufragios por su alma, porque siendo así, sufrirían menos en las llamas del purgatorio.

Cada cofradía, a su turno, tuvo un patrono, destinado como su titular, por un lado, a inspirar con su vida un ejemplo cotidiano a los cofrades y, por otro lado, a ser un nexo con el Divino. Era muchas veces el medio de catequizar a los habitantes de esos años, iniciándolos y ayudándolos a cumplir con una buena vida cristiana, explicándoles cuales eran los requisitos que debían de cumplir los integrantes de dichas instituciones y formándoles un estilo de vida propio de la época, enfocado básicamente en la religiosidad y piedad popular.

Entre los siglos XVI Y XVIII se llegaron a registrar la existencia de 66 cofradías en el centro de Lima, el cercado y poblados de indios como Magdalena, Surco y el Rímac. Estas cofradías se dividían básicamente en 3 tipos:

“Las Sacramentales”, que fueron propiamente para el culto y adoración al Santísimo Sacramento del Altar, de las cuales, se registraron muchas de estas cofradías en varias iglesias de Lima, con el fin de generar mayores desagravios a su Divina Majestad, siendo la devoción popular mas fuerte en el tiempo del virreinato, teniendo la procesión más concurrida en el año, especialmente en la fiesta del Corpus Christi y de las cuales, según el archivo del Arzobispado de Lima, registra que la Cofradía más antigua fundada en nuestra ciudad fue la “Archicofradía del Santísimo Sacramento”, fundada por los conquistadores en 1538 y que actualmente, tiene como sede canónica, la Iglesia del Sagrario de Lima.
“Las de Pasión”, estas cofradías se fundaron para honrar y rememorar algún pasaje de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Dentro de estas cofradías encontramos dos tipos, las de luz y las de sangre. Las primeras eran las que, durante su recorrido procesional, iban visitando, iglesias, capillas, etc, “haciendo estación”, orando en silencio y portando cirios o velas, alumbrando el camino por donde iban a pasar sus titulares. Las segundas, eran cofradías más drásticas, sus integrantes iban desfilando flagelándose la espalda con látigos o disciplinas, provocándoles heridas sangrantes y laceraciones en su cuerpo durante todo el recorrido procesional, imitando en cierta manera la pasión que sufrió Nuestro Señor Jesucristo, mientras que otros portaban ciertos objetos (cruces, cadenas, grilletes, etc), como muestra publica de su arrepentimiento, por los excesos cometidos y en reparación de sus pecados.

Claro está que, los que pertenecían a las cofradías de pasión siempre iban con el rostro cubierto, con una especie de antifaz en punta, donde solo se les observaba los ojos, debido a que, este tipo de actos los realizaban personas de todos los estratos sociales y para salvaguardar su reputación, ante el qué dirán de la gente, optaban por ir de incognitos.

“Las de Gloria”, eran las cofradías que se encargaban de venerar a los santos o vírgenes que tenían su festividad en cualquier tiempo litúrgico del año, (excepto en cuaresma y semana santa) y que en nuestra ciudad fueron las que tuvieron mayor auge, quedándose arraigadas y con fuertes devociones hasta hoy en día.

Cabe destacar que, durante el tiempo del virreinato en el Perú, las cofradías jugaron un papel socialmente estable, formando una parte muy importante dentro de la metrópoli limeña, y de la cual la mayoría de sus habitantes pertenecía, o estaba inscrito en alguna de ellas, básicamente para ser asistido en los momentos ya antes mencionados, tomando muchas veces el papel de las “aseguradoras” de aquella época.

Lastima que muchas de estas, hayan desaparecido en el tiempo por diferentes motivos, pero, esta en nosotros volver a revalorarlas, o quizás, interesarnos cada vez más en sacarlas a flote, por sus grandes secretos que muchas de estas aun guardan y seguir investigando su gran aporte histórico que dieron a nuestro país, en favor de la cristianización y salvaguarda de las almas de muchas personas.

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