Víctor Andrés Belaunde - Peruanidad



Escribe: José Antonio Benito*

Pocos peruanos como el universal Víctor Andrés supo adentrarse con tanta hondura en la entraña misma del País, la Patria, el Estado del Perú profundo, y al mismo tiempo fue el embajador cosmopolita del Perú. Él estudió "la peruanidad" con pasión. No sólo la definió ("conjunto de elementos o caracteres que hacen del Perú una Nación y un Estado") sino que supo  comprometerse científicamente con su problemática, llevando a la más alta cumbre diplomática, la ONU, la honrosa representación de Perú. La peruanidad de VAB tiene perfiles bien definidos. Si la peruanidad es la realización de la síntesis viviente que la integra "el destino del Perú es continuar realizando esa síntesis. Ello da un sentido primaveral a nuestra historia"  En el vibrante y lúcido epílogo de su obra cumbre, Peruanidad, escribirá que este concepto "supera al hispanismo puro y al indigenismo puro." Si el primero prescinde del factor espacio, el segundo lo hace del factor tiempo. Tanto uno como otro se integran en la peruanidad:

a) Telúricamente, por la influencia del paisaje o del medio físico
b) Biológicamente, por el cruce de sangre
c) Económicamente, por la necesidad de la producción que une en toda empresa a empleados y dirigentes
d) Políticamente, por la influencia del régimen republicano que ha suprimido las barreras de color en las esferas burocráticas y sociales
e) Religiosamente, por el catolicismo, cuya liturgia modela las mentes más altas como las más sencillas y primitivas.

La integración se produce en la costa y en la sierra y por lo mismo es falsa la oposición entre ellas. Hay elementos mestizos, mulatos e indígenas, en la costa. La sierra tuvo desde la Conquista grandes núcleos hispanos con los Cabildos más importantes...

En el Discurso pronunciado con motivo de celebrarse las bodas de plata de la Universidad Católica, en 1942, volverá a proclamar que la peruanidad es un hecho, una vivencia; es una e indivisible, íntegral. "Síntesis viviente de la tierra y de la raza aborigen, y de la raza y la cultura hispano-católica, la peruanidad exhibe con orgullo sus dos herencias y no acepta que se las disminuya ni se las tergiverse. La gloriosa sombra del incario se prolonga en el virreinato y es nuestra misión perpetuarla en la república".

Víctor Andrés siempre sumó, nunca restó. A fuer de ser realista, fue siempre optimista. "La peruanidad es una síntesis comenzada pero no concluida. El destino del Perú es continuar realizando esa síntesis. Ello da un sentido primaveral a nuestra historia".  Así entendida, la "peruanidad" es un proyecto de utopía indicativa: la postulación de una solidaridad en marcha, la convicción de un somos, un podemos y debemos ser. Su "Síntesis viviente" es una simbiosis de valores culturales y espirituales, lejanos y cercanos, con sus mitos, tradiciones y costumbres, que se remoza constantemente por su propio impulso vital y con un destino propio, personal.

La nostalgia sentida por la "Arequipa de mi infancia" no será obstáculo para mirar el mundo (visitó toda América y Europa) desde su atalaya mistiana. Del mismo modo que contempló la Arequipa de sus amores desde su perspectiva cosmopolita. Su dilatada trayectoria intelectual y vital la proyectará sabiamente en escritos y gestos cotidianos que llevaban siempre un mismo mensaje. Lo sintetizará magistralmente quien fuese patriarca de la historia republicana del Perú, Jorge Basadre: "Belaunde albergó la aptitud para las ideas generales que provenía de su preparación filosófica y la agudeza realista para aprehender los hechos concretos; la capacidad para entusiasmarse y el sentido analítico; el fervor místico que acabó por hacerlo volver a la religión católica y el gusto para extraer enseñanzas y estímulos de la lectura de los grandes libros y de la experiencia de la vida nacional e internacional; la nobleza de un espíritu que no supo de envidias o maldades y la privilegiada robustez de su salud física y mental"[1]. Con gran belleza y lirismo lo expresó su alumno más aventajado, César Pacheco Vélez: "La hermosa proeza de V.A.B. ha sido fundar su nostalgia, más aún que en el pasado, en el futuro de este país al que amó con inmensa ternura y la más noble pasión; forjar una ideal del Perú peregrinando a todas sus fuentes, nutriéndose con la savia de todas sus raíces, palpitando con el caudal de todas sus sangres"[2]. Como certeramente destaca Juan Luis Orrego "VAB escribió 25 libros y más de 500 artículos. Fue el más fecundo escritor de su generación –la del 900- ", escribió sus principales overas en su madurez y mientras que sus amigos García Calderón se exiliaron en Europa, VAB siguió en el Perú "bregando en el campo político e intelectual, siendo el portaestandarte de un catolicismo progresista, tributario de la Doctrina Social de la Iglesia".

A pesar de su acentuada universalidad, su conocida vinculación con la hispanidad y toda la cultura española, su arraigada peruanidad, quiero destacar  la decisiva influencia de Francia, los franceses y lo francés en V.A. Belaunde, tanto que consideraba el francés como su segundo idioma, la literatura francesa alimentó su intelecto, y la filosofía de Descartes, Pascal marcaron rumbo en su pensamiento. En París celebró su segundo matrimonio y allí le nacieron alguno de sus hijos. Por encima de todo, como algo central en su vida, considera el catolicismo renaciente de Francia el que provocó su regreso a la Iglesia. De particular interés  me he encontrado con textos decisivos en suTrayectoria y Destino. Memorias Completas, 1967, (Ediventas, Lima, 1967, T.I, 448 pp., T.II 450-1122 pp.).

*Historiador

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