El Perú de Juan Pablo II y el de Francisco




Diego López M.* │

El Perú de hoy, que recorrerá el Papa Francisco del 18 al 21 de enero de 2018, difiere en muchos aspectos a la realidad vivida en la década del 80 cuando San Juan Pablo II visitó por primera vez el país. Sin embargo, encuentran puntos de convergencia: renovar la fe en Cristo y traer unidad y esperanza a su pueblo.
Juan Pablo II llegó por primera vez al Perú el 1 de febrero de 1985 en medio de gran algarabía. Aproximadamente 3 millones lo recibieron entre vítores en su recorrido desde el aeropuerto de Lima hacia la Catedral. Aquel año fue bastante optimista para el Perú pues marcó el año de su primera transición democrática tras la elección de Alan García.

Si bien hubo cierta tranquilidad por la democracia, también hubo un temor creciente por el auge del terrorismo, no solo en la sierra sino en los centros urbanos.
El terrorismo dejó una serie de asesinatos de humildes campesinos, autoridades y miembros de las fuerzas del orden, además de cuantiosos daños materiales que disminuyeron los recursos económicos del Estado.

El otro aspecto significativo en el Perú de los ochentas fue que el Papa llegó en un momento en el que el debate en torno a la Teología Marxista de la Liberación (TML) en la Iglesia había llegado a un punto álgido.

El Pontífice fue un crítico acérrimo de la TML desarrollada por Gustavo Gutiérrez en esta parte del continente y del “marxismo-leninismo-maoísmo” encarnado por Sendero Luminoso e impulsado por su sanguinario líder Abimael Guzmán.

El diario Expreso del 3 de febrero de 1985, contiene un claro mensaje del Santo Padre: “No permitáis cualquier intento de secularizar vuestra vida religiosa, ni de embarcarla en proyecto socio-políticos que le deben ser ajenos, ni de olvidar la responsabilidad de testimoniar la vigencia del proyecto íntegramente cristiano ante la sociedad y el mundo de hoy”.  Su mensaje fue claro: profundizar en la fe y cuidarse de ideologías y perspectivas extrañas a la esencia cristiana. San Juan Pablo II fue un verdadero catalizador de la esperanza. Habló de las injusticias, tragedias, pero también de la reconciliación y del futuro cuando se dirigió a las familias en el 85, tanto en el hipódromo de Monterrico como en Ayacucho.  

La visita del Papa tuvo un impacto en la renovación de la Iglesia con el paso del tiempo. No solo sus visitas, sino que su pontificado trajo un espíritu de reforma y cambio.
Por otro lado, el Papa Francisco, que visitará Lima, Trujillo y Puerto Maldonado el próximo año, traerá un mensaje adaptado a una nueva realidad, es decir, un mensaje de esperanza y unidad a un país escindido por problemas que afectan también a otros países latinoamericanos del siglo XXI: la corrupción, violencia, desastres naturales, minería ilegal, ideología de género, trata de personas y trabajo infantil.

Siempre habrá puntos de contacto entre las visitas de los pontífices. Sin embargo, es predecible que el Papa Francisco traiga consigo un discurso que corresponde con mayor precisión a la Doctrina Social de la Iglesia y sus implicancias en la fe, como lo ha venido haciendo en sus otros viajes en la región como Paraguay, Ecuador, Bolivia, Colombia, etc.
Si bien son pontificados con tonos diferentes, los matices del pontificado de Francisco estarán marcados hacia una reforma de la sociedad y no tanto a una clara reforma eclesial como sí lo fue el de Juan Pablo II.

Pese a sus estilos diferentes, lo claro es que ambos habrán traído, finalmente, esperanza a un pueblo que necesita un renacer en la fe, un pueblo que necesita reconciliarse para afrontar problemas muy diversos.  Así como con Juan Pablo II, los peruanos verán en Francisco un liderazgo firme, claro y carismático en la Iglesia, un liderazgo que invita siempre a la unidad, a la esperanza y abrazar nuevamente la cruz de Cristo.

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* Comunicador

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