Los Musulmanes y Europa: Es posible la paz


Autor: María Ximena Rondón.

En las calles de París se ven a familias musulmanes sentadas en colchones pidiendo limosna. En otra zona de la ciudad hay barrios donde no hay ciudadanos franceses, sino que abundan las tiendas donde venden productos de África y Asia, las mujeres caminan cubiertas de pies a cabeza y en la calle se ven grupos de musulmanes rezando. Parece un país dentro de otro país.

Esta es la realidad de Europa, donde viví el año pasado. Muchos musulmanes se mudan a este continente por lo que me atrevo a llamar “El Sueño Europeo” ¿Qué es? La convicción de que en Europa se puede tener un mejor desarrollo socioeconómico. No los culpo, los latinos también migran a Estados Unidos con ese propósito. Pero, los musulmanes que van a Europa, llevan un equipaje religioso y cultural.

Dos cosas han conmocionado a la sociedad europea por la inmigración:

1) Que los musulmanes tienen más hijos que ellos

2) Que la cultura se está islamizando con una religión  que es tildada como una religión extremista y terrorista. Como

“Solución”, en países como España se ha prohibido que en lugares como las escuelas, las personas de cualquier religión porten símbolos que aludan a su credo. Todo ello en nombre de la “tolerancia /seguridad”.

La “paz” que busca esta “tolerancia” quiere decir “no hagas la guerra conmigo” o “prefiero suprimir los valores tradicionales de mi sociedad a que te pelees conmigo”. Esta “paz” es ruda porque aunque se diga que “hay que convivir en paz” en la calle un musulmán y un europeo se miran con recelo. He visto esa mirada muchas veces. Hay una frialdad y una falta de preocupación humana. Hay una desesperación por proteger “mi comodidad” en lugar de buscar el bien común para todos.  Por ello hay que preguntarnos ¿cuál es el verdadero respeto? ¿cuál es la verdadera tolerancia? ¿cuál es la verdadera paz?

Para responder, hay que mirar a los países musulmanes de Medio Oriente como el Líbano o Siria. He tenido la oportunidad de conversar con muchas personas de esas dos naciones y todas me han comentado que antes de las guerras, provocadas por intereses políticos y económicos de las grandes potencias mundiales, los musulmanes y los cristianos convivían en paz. Parece imposible, pero sucedía y sucede ¿cómo? Valorando a la persona porque tiene dignidad y muchas cosas buenas que aportar a la sociedad.

Hace unas semanas en Israel, un grupo de cristianos y musulmanes compartieron juntos el iftar, la única comida que se puede comer al día durante el Ramadán. Todos los que participaron en esa cena quedaron encantados con la iniciativa y querían repetirla. En la ciudad iraquí de Mosul, que fue el bastión del Estado Islámico durante dos años y medio, jóvenes musulmanes y cristianos limpiaron juntos una iglesia que había sido vandalizada por los terroristas.

Otro gesto de caridad impresionante ocurrió en Alepo, una ciudad que sufrió por los bombardeos de los terroristas, el gobierno sirio y países extranjeros. Los ciudadanos no tenían agua, luz ni comida. Sin embargo, la orden de los franciscanos que vive allí, permitió a cristianos y musulmanes sacar agua del pozo que tienen dentro de su convento. Estos gestos de solidaridad y hermandad son la verdadera paz,  no una paz que significa “no agresión o no imposición”. Cuando yo vivía en Europa, iba a comprar a una tienda donde el dueño era musulmán. Cada vez que entraba le sonreía y saludaba a su esposa (que usaba velo) con palabras amables y sinceras. Y sí, usé una cruz delante de ellos y ellos nunca me trataron mal porque profesaba una religión diferente. Más bien le demostré lo mejor que tenía.

Esta es la paz a la que Europa debe aspirar. Si tanto se habla de la libertad y la tolerancia, hay que empezar a aplicar lo que se predica de una forma veraz y humana. Cuando se ve el mal que hay en el mundo, se echa la culpa a los políticos y a los que son de una cultura diferente.

Pero uno nunca piensa en que también aporta algo a ese mal.  La gente ha olvidado que cada acción tiene una consecuencia. Por ello hay que reflexionar sobre lo que hacemos a diario y empezar a mejorar para que el mundo también lo haga.

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