El caso del Conservatorio Nacional de Musica


Autor: Javier Alva.

A fines de mayo último el congreso de la república aprobó por unanimidad el proyecto de ley que proponía darle al Conservatorio Nacional de Música el rango de Universidad.

La mayor parte de artículos y opiniones compartidas en ese entonces tuvieron un tono propio del entusiasmo que se puede generar ante tal tipo de anuncio. Las mismas se comparten y celebran pues, en cierta manera, la aprobación de este proyecto de ley es un reconocimiento a la sacrificada labor de educación que venía haciendo el Conservatorio en sus más de cien años de existencia.

Hacer música y vivir de ella en el Perú es difícil, formar a los futuros músicos profesionales puede serlo aún más pues muchas de nuestras autoridades no tienen una visión cabal de las demandas que a nivel de recursos e infraestructura puede requerir la formación profesional en este noble arte.

En este artículo queremos hacer una evaluación sobre las diferentes aristas y responsabilidades a abordar que nos presenta el nuevo estatus del Conservatorio, o mejor dicho, de la Universidad Nacional de Música.

Una harmonía disonante 

Uno de los puntos que más ha llamado mi atención en los artículos publicados en algunos diarios es la idea muy optimista que esta ley va a permitir al Conservatorio alcanzar y competir con estándares internacionales de educación. Probablemente el nuevo estatus allane el camino para tal propósito, pero no es garantía que esto vaya a ocurrir de forma automática.

Se me viene a la mente algunas instituciones de incuestionable prestigio a nivel internacional que no necesariamente tienen el rango de Universidad en sus respectivos países y, sin embargo, aún así son centros de formación profesional superior. En un contexto similar al nuestro, me pregunto si la Julliard School of Music en Estados Unidos vería como un valor agregado el estatus nuevo o heredado.
No quiero  que se me malinterprete.

Celebro y estoy a favor del “upgrade” brindado al Conservatorio. Es un reconocimiento a las décadas de dedicada y, sobretodo, sacrificada labor formativa (hasta “heroica” quizás debería decir). Sin embargo, contar con el rango de Universidad no le da automáticamente el potencial para alcanzar estándares internacionales de competitividad. Esta idea puede ser poco favorable ya que pude decantar en que algunas autoridades (y no me refiero a los del Conservatorio necesariamente) se duerman en los inicios de una carrera en la cual apenas hemos dado el primer paso. 

El nuevo título de por si no implica que automáticamente se comience a graduar a músicos con un nivel de performance acorde a lo esperado en las grandes salas y teatros del mundo. De hecho, ya se ha venido haciendo incluso desde antes de tener el nuevo rango. La Universidad Nacional de Música debe aprovechar esta nueva clasificación para acrecentar su presencia en la vida cultural del país y elevar el nivel de exigencia pedido a todos y cada uno de los miembros de la futura comunidad universitaria.

Los movimientos por escribir

Si hacemos una analogía con las partes de una sinfonía, digamos que el anuncio reciente viene a ser el primer movimiento. Un “Leit Motiv” claramente definido que deja entrever el carácter de la obra en desarrollo, quizás un Allegro 

Giocoso lleno de un agitado entusiasmo.

El macizo central en cuanto a lo que aún queda por construir en la nueva Universidad de Música radica en la infraestructura necesaria para poder llevar a cabo las actividades de formación. Es sabido que el actual local (que perteneció al antiguo Banco Hipotecario) no es el adecuado para la docencia musical (aun considerando los numerosos acondicionamientos que se han llevado a cabo desde su mudanza a mediados de la década de los noventa).

Recuerdo que, en mi breve paso por esta ilustre institución, alguna vez tuve que ser interrumpido en mis prácticas de piano por algún profesor que dictaba otro curso en el salón de al lado. Algo totalmente previsible considerando que las aulas implementadas en aquel ambiente eran divisiones de mampostería realizadas sobre una gran área que alguna vez sirvió, probablemente, para colocar módulos de oficinistas.

Los salones de clases deben ser concebidos con las condiciones acústicas del caso, de tal forma que faciliten las condiciones ergonómicas para el dictado teórico como el ejercicio práctico que cada alumno requiere. Esta adecuación debe ser hecha muy al margen del rango que pueda o haya tenido el Conservatorio, es una necesidad técnica para poder cumplir adecuadamente con la formación musical.

Otro aspecto interesante radica en los espacios necesarios y adecuados para la presentación de los alumnos. Recuerdo que el auditorio principal del Conservatorio era la recepción o primer piso de lo que alguna vez fue el Banco Hipotecario. Sobre este campo abierto se habían instalados sillas (emulando la forma de una herradura) alrededor de un estrado central (el cual era retirado cuando iba a presentarse algún ensamble de mayor tamaño). Quizás el tema no hubiera sido crítico pero tengamos en cuenta que este espacio colindaba muy de cerca con la puerta de ingreso y, por ende, era susceptible de ser afectada por los ruidos provenientes de la calle.

El Finale

No lo hay, es decir, la nueva clasificación del Conservatorio no es el cierre de una obra. Por el contrario, nos da el tema central para una nueva composición que la Universidad Nacional de Música deberá escribir teniendo en cuenta los siguientes motivos musicales:

Mejorar la infraestructura de la institución, ampliar y consolidar los convenios con el extranjero para la movilización estudiantil, desarrollar la escuela de postgrado que ahora le permite el nuevo estatus y permitir la apertura a otras especialidad que pudieran ser afines para una óptima universalidad e intercambio con las instituciones con quien a partir de la fecha comparte rango educativo.

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